Entras en una cafetería de especialidad en el Fontán, miras la pizarra y ahí están: Latte, Cappuccino, Flat White... Todos llevan café y leche, pero no son lo mismo.
La anatomía del Flat White
Nacido en Australia (o Nueva Zelanda, según a quién preguntes), el Flat White es el rey de las cafeterías modernas. Se prepara con una base de doble shot de espresso (o ristretto) y una capa muy fina de microespuma de leche.
La clave es la proporción: tiene más café y menos leche que un latte, lo que permite que el sabor del grano de especialidad brille con intensidad pero con la sedosidad de la leche bien vaporizada.
El Latte: el gigante amable
El Latte es más largo, más lácteo y más suave. Lleva más cantidad de leche y suele servirse en una taza o vaso más grande. Es la opción ideal para quienes buscan una bebida reconfortante donde la leche sea la protagonista.
Comparativa rápida
- Flat White: Vaso pequeño (150-180ml), doble carga de café, capa de crema muy fina. Sabor intenso.
- Latte: Vaso grande (240ml o más), una o dos cargas de café, mucha leche vaporizada. Sabor suave.
- Cappuccino: El equilibrio, con una capa de espuma mucho más gruesa y aireada.
"Pedir un Flat White es la mejor forma de saber si una cafetería domina el arte de la leche: si la textura no es perfecta, no es un Flat White."
¿Cuál elegir?
Si quieres apreciar los matices de un café de Etiopía pero te apetece el toque dulce de la leche, pide un Flat White. Si quieres un desayuno largo y tranquilo para acompañar un bizcocho, el Latte es tu mejor amigo.